La vaca lechera atraviesa diferentes estados fisiológicos a lo largo de su ciclo productivo. Al costo fijo de mantenimiento se suman los requerimientos asociados a la lactancia y la gestación. Idealmente, una lactancia debería tener una duración de 10 meses, al cabo de los cuales la vaca se seca con el objetivo de prepararla para el parto y la próxima lactancia, de manera que el período de secado coincida con los últimos dos meses de gestación (Figura 1).
Luego del parto, se establece un período de espera voluntario (PEV) que varía entre 30 y 60 días previos al período de servicio (Figura 1).
Para mantener una producción de leche regular, el intervalo entre partos (IEP) debería ser de 12 meses, lo que implica que la vaca debería preñarse dentro de los primeros tres meses posparto.
Cabe destacar que cada prolongación de 21 días del IEP, puede generar una reducción anual de aproximadamente 5% en la producción de leche de la vaca. De lo anterior, se infiere que los requerimientos de una vaca lechera cambian a lo largo del año.
En efecto, como se observa en la Figura 1, luego del parto, la producción de leche aumenta hasta alcanzar el pico de producción entre los 35 a 49 días posparto (McEvoy et al., 2009). En ese momento, los requerimientos nutricionales de la vaca son máximos. A su vez, la capacidad de consumo también aumenta luego del parto, pero alcanza su máximo entre los 56 a 154 días posparto (Kennedy et al., 2008), esto es, con posterioridad al momento de máximos requerimientos de la vaca.
Como consecuencia de este desfasaje entre los elevados requerimientos para producción de leche y la capacidad de consumo limitada, la vaca presenta un balance energético negativo (BEN) obteniendo la energía adicional movilizando sus reservas lipídicas corporales, lo que se traduce en pérdida de peso (Figura 1). Esta movilización es mayor a medida que aumenta el potencial productivo de las vacas y ante una lipomovilización excesiva, se elevan los riesgos de problemas metabólicos (cetosis, hígado graso) y reproductivos (anestro, quistes ováricos, pérdidas embrionarias).
Luego del pico de lactancia, la producción de leche disminuye gradualmente (aproximadamente un 9% por mes) hasta el momento del secado (Figura 1).
Al mismo tiempo, una vez alcanzado el pico de consumo y superado el momento de máximos requerimientos, la vaca revierte el BEN y recupera paulatinamente las reservas corporales perdidas en la fase inicial de la lactancia.
En este contexto, resulta clave destacar que un plano nutricional alto al inicio de lactancia tiene efectos residuales que se extienden al resto de la misma; así, por cada litro de leche adicional al pico de lactancia, se obtienen 213 a 304 kg de leche residual en la lactancia completa. Por el contrario, la pérdida de producción derivada de un bajo plano nutricional en lactancia temprana, no se recupera aumentando el plano nutricional en etapas posteriores (lactancia media y tardía).
Por lo tanto, los requerimientos dinámicos de la vaca lechera exigen estrategias de alimentación ajustadas por etapa fisiológica. A pesar de esta evidencia, la implementación de estrategias como la división del rodeo con fines nutricionales sigue siendo limitada en el país.
Según dos informes recientes del INTA, solo el 33% (Engler et al., 2023) y el 35% (Roskopf et al., 2025) de los establecimientos encuestados aplican este manejo lo que evidencia una oportunidad concreta de mejora.
Estrategias de alimentación: 1
. Manejo con Rodeo Único
En tambos con un reducido número de animales o escasa disponibilidad de mano de obra, generalmente se trabaja con un rodeo único y se utiliza una única ración para todas las vacas, independientemente de la etapa de lactancia y/o potencial de producción. Las principales ventajas de este manejo consisten en la simplificación de la alimentación y la reducción del requerimiento de mano de obra destinada a esta tarea.
Además, se evitan las caídas en producción asociadas a los efectos negativos del reagrupamiento de los animales reportadas por Grant y Albright (2001). Sin embargo, el manejo con un único rodeo presenta como principal desventaja la menor precisión en el suministro de nutrientes a los animales, lo que limita la capacidad de predecir su respuesta productiva.
De esta forma, si se suministra una sola ración para todas las vacas, las de mayor producción estarán subalimentadas y no podrán expresar su potencial, aumentando también el riesgo de que padezcan enfermedades nutricionales durante su lactancia temprana. Por otro lado, las de menor producción estarán sobrealimentadas y depositarán el exceso de nutrientes consumidos como reservas corporales (Mendoza et al., 2011).
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