Georg y Andrea Blochberger comenzaron hace 25 años vendiendo leche a los colegios de la zona, pero en verano se quedaban sin clientela, así que decidieron hacer helados. Hoy son la marca más conocida de Austria y disponen de un parque de atracciones de 12 hectáreas al lado de la granja que recibe cada año a 150.000 visitantes
Eis-greissler es un buen ejemplo de diversificación rural. Es la marca de helados artesanos más conocida de Austria. La leche necesaria para elaborarlos procede de una granja familiar de 45 vacas, la que Georg y Andrea Blochberger tienen en Krumbach. A partir de ella, crearon todo un complejo de ocio que factura 6 millones de euros al año, con un parque de atracciones que nada tiene que envidiar al de las grandes ciudades.
Cuando este matrimonio se hizo cargo de la granja familiar en el año 2000 optaron por hacer venta directa de su leche. Comenzaron elaborando yogures y leche pasteurizada que vendían a los colegios de la zona.
Pero se encontraron con el problema de que cuando los niños no tenían clase, se quedaban sin clientes y no les quedaba más remedio que vender la leche a la cooperativa a la que pertenecían. “Pensamos entonces qué hacer con la leche en verano y como teníamos dos niños pequeños a los que les gustaba mucho el helado compramos una máquina pequeña para hacerlo”, explican.
Empezaron a hacer helados para dar salida al excedente de leche que tenían en los meses del verano, cuando cerraban los colegios a los que les vendían los yogures
La idea funcionó tan bien que con el paso de los años se convirtió en su producto emblemático, dejando de vender la leche y los yogures con los que comenzaron para centrarse solo en hacer helado todo el año. Hoy sus helados artesanales son los más famosos de Austria y poseen 10 puntos de venta propios en ciudades como Viena, Graz, Klagenfurt, Linz, Salzburgo o Lienz. “
Al principio pensamos que nos iba a ser más fácil venderlo en los restaurantes, pero no encontramos la salida que esperábamos, por lo que decidimos montar la primera tienda propia en una localidad próxima y dos años después cogimos un local muy pequeño en una zona peatonal al lado de la catedral de Viena donde ya había otras heladerías italianas pensando que si lográbamos atraer un 5% de su clientela ya nos conformábamos, pero resultó que casi no dábamos producido el helado que vendíamos en Viena”, cuentan.
De los helados a un parque de atracciones
Dos años después abrieron otra tienda en Graz, la segunda ciudad del país, y fueron ampliando a otras localidades como Salzburgo o Linz. En 2014 hicieron una nueva fábrica de producción de helado y como la clientela tenía interés en visitar la granja y ver cómo se hacía el helado, optaron por organizar visitas y abrir una cafetería y un pequeño parque infantil en la granja.
Empezaron haciendo un pequeño parque infantil para las visitas y, como una cosa lleva a la otra, acabaron por construir un parque de atracciones que ocupa 12 hectáreas El éxito de la iniciativa volvió a sorprenderlos y el primer año ya recibieron a más de 1.000 personas, lo que los llevó a decidirse a ampliarlo y hacer lo que hoy es un auténtico parque de atracciones que tuvo el año pasado 150.000 visitas y sigue creciendo.
“No paramos de hacer nuevas zonas de aparcamiento”, reconocen. El próximo parking estará dotado de 500 kw de placas fotovoltaicas para generar energía para el propio parque de atracciones. “Coincide muy bien, porque cuando hace sol es cuando más gente tenemos y también cuando más electricidad consumimos en el parque de atracciones”, argumenta Georg.
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